Colombia concentra sus esfuerzos en la búsqueda y rescate de supervivientes, la atención a los damnificados y la evaluación de los daños tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el lunes varias regiones del país y que ha causado hasta el momento 240 muertos, cientos de heridos y miles de personas afectadas. Hasta el momento no hay un balace oficial de inmuebles dañados, pero se estima que son alrededor de mil 500 entre casas, edificios, hospitales, escuelas y otros.
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, que asumió el cargo el viernes pasado, cifró en 181 los muertos, mientras que Asocapitales, que agrupa a las ciudades capitales del país, elevó el balance a 188. Las cifras consolidadas, incluyendo las de las autoridades regionales, sin embargo, suman al menos 240 fallecidos.

De la Espriella, quien instaló el lunes en Bogotá un puesto de mando para atender la emergencia y posteriormente viajó a Quibdó y Cali, recorrió este martes Pereira, Manizales y Dosquebradas, ciudades más golpeadas por el terremoto, para coordinar la respuesta del Gobierno con las autoridades locales.

El aeropuerto internacional Matecaña de Pereira, una de las infraestructuras más afectadas, mantiene suspendidas sus operaciones comerciales y solo recibe vuelos de Estado, atención médica, búsqueda, rescate y ayuda humanitaria mientras se evalúan los daños en la pista, los sistemas de comunicaciones y la torre de control.

Uno de los rescates que devolvió la esperanza de hallar más personas con vida, ocurrió en el barrio Torres del Limonar, donde los socorristas lograron sacar con vida a Diana Troncoso, una biomédica de 31 años que permaneció atrapada durante horas en un edificio de cuatro pisos que colapsó.
El terremoto es el más fuerte registrado en Colombia en lo que va del siglo XXI y ha sido seguido por más de un centenar de réplicas.

