Los equipos de rescate siguen buscando a posibles sobrevivientes entre los escombros de edificios dañados por un potente sismo magnitud 7.3 que sacudió este pequeño país insular en el Pacífico.
Poco después se sintió una réplica de magnitud 5,5, seguida de una cadena de temblores menores que estremecieron el archipiélago de 320 mil habitantes.
Según un informe del departamento de mitigación de desastres del gobierno, el terremoto causó cuatro muertos en el hospital de Port Vila, seis en un desprendimiento de tierra y cuatro en una tienda que colapsó.
El terremoto provocó “importantes daños estructurales” en al menos diez edificios, entre ellos el principal hospital del país, y también afectó puentes y líneas de electricidad.
Además, dos importantes reservas de agua que abastecen Port Vila quedaron “totalmente destruidas”, la red de internet móvil funciona “intermitentemente” y el aeropuerto no está operativo, aunque podría recibir ayuda humanitaria.
En este sentido, Australia y Nueva Zelanda anunciaron que iban a enviar equipos médicos y de rescate para aportar ayuda de emergencia.
La sacudida provocó el derrumbe del edificio donde estaban las embajadas de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, sin causar víctimas.